Nadie tomaría en serio a una persona que afirmase que un complicado reloj funcionando a la perfección fuese fruto de una suma de casualidades.
CREEMOS, por tanto, en un Dios creador, quien existe en tres personas: Dios el Padre, que está por nosotros; Dios el Hijo, quien tomó la forma humana en el seno de la virgen María, ,para poder ser el único y suficiente Mediador entre Dios y los hombres; y también creemos en Dios el Espíritu Santo que está en nosotros, los que, mediante el arrepentimiento y la fe, hemos obtenido el perdón de nuestros pecados y el don gratuito de la salvación.
CREEMOS que la Biblia es la palabra de Dios enviada a los hombres. Muchas personas (incluso algunas de cierto renombre) hablan y escriben acerca de la Biblia sin haberla estudiado en profundidad.
Esto les lleva a encontrar contradicciones donde solamente existen afirmaciones complementarias, o contraposiciones entre la Ciencia y la Biblia, o entre la Historia y la Biblia, sin tomar en consideración las múltiples rectificaciones que científicos e historiadores han tenido que introducir en sus planteamientos, proclamados en otro tiempo como “infalibles”.
Por la Biblia conocemos y creemos que el hombre es pecador, no sólo por ser descendiente de Adán, sino por rechazar voluntariamente el someterse a la voluntad de Dios. Las cárceles, los hospitales y los cementerios, junto con los múltiples sentimientos de odio y de frustración, son testimonio irrefutable de la presencia del pecado en nuestra historia tanto personal como colectiva.
CREEMOS también que Jesucristo, verdadero Dios y perfecto hombre, murió por nuestros pecados. Como dice la Escritura: “el Justo murió por los injustos, para llevarnos a Dios”.
Arrepentidos e identificados vitalmente con él por medio de la fe, hemos recibido el perdón de Dios y la promesa de la vida eterna.
CREEMOS que esta identificación vital con Jesucristo tiene implicaciones que afectan a todos los ámbitos de nuestra vida. El cristiano evangélico debe reflejar el carácter de su Señor en este mundo, siendo en todo momento consecuente con la fe que proclama.
CREEMOS, por fin, en la Iglesia, cuya Cabeza es Jesucristo. Esta iglesia tiene su representación visible allí donde se reúnen los que han vivido la experiencia de la conversión. De manera sencilla, pero sincera, rinden culto a Dios y se ayudan mutuamente para llevar a la práctica las enseñanzas transmitidas por el Señor Jesucristo y sus apóstoles.