LECTURA: 1ª Reyes 18:20-40
En el profeta Elías encontramos a un personaje fiel a Dios que vive en un mundo rodeado de idolatría. Y en ese estado se encuentra solo, muy solo (vs. 22). El rey Acab había reunido a todos los profetas que había. Pero solo Elías estaba como profeta del Dios verdadero. Los demás, cuatrocientos cincuenta, eran profetas paganos del dios Baal. Ante una circunstancia tal hubiera sido normal que Elías no se hubiera manifestado. Podían haberle matado. Pero Elías fue ante todo un hombre valiente, que tenía la certeza de que su Dios era el verdadero. Y Dios le responde, manifestándose a tiempo. Los cuatrocientos cincuenta falsos mueren víctimas de su falsedad.
En los días de hoy nos encontramos ante una sociedad no tan diferente a la de los tiempos de Elías en lo que a la idolatría se refiere. Vivimos en un mundo que se dice cristiano, pero que ha desviado su adoración hacia imágenes y hacia personas, dejando de honrar y de adorar al Dios vivo. El cristiano verdadero puede sentirse achicado ante tal fenómeno. Las masas van tras estos ídolos con nombres de santo. Pero, al igual que Elías, debemos confiar en el Dios verdadero. La idolatría debe repugnarnos, como le repugnaba a Elías, y así como él no debemos callarnos, sino proclamar al Dios vivo.
Puede que te encuentres muy solo en tu adoración a Dios, pero Él busca "adoradores ... que le adoren en espíritu y en verdad" (Juan 4:23-24). Hemos de ser valientes como Elías, y manifestar a Dios y su mensaje en este mundo que tan poco le conoce. A su tiempo Dios se manifestará, como hizo entonces. Pondrá en evidencia todas las cosas, y los que no le hayan seguido no podrán gozar de su salvación.