LECTURA: Rut 1:12-18; 4:14-22
El libro de Rut nos cuenta la historia de una familia desdichada. Noemí pierde a su marido. Le quedan dos hijos, casados con dos extranjeras. Pero mueren también, y sin dejar descendencia. Noemí despide a sus nueras, y vuelve a su tierra: Belén. Pero una de sus nueras se empeña en no separarse de ella: Rut. ¿Qué hace una mujer joven con una anciana, solas y lejos de su tierra de origen? En el fondo del corazón de Rut ardía el deseo de servir al Dios verdadero, ese Dios del que seguro le había hablado su suegra Noemí. A pesar de las desgracias acontecidas, Rut fue una mujer íntegra que agradó a Dios. Al final de la historia vemos como el Señor le tenía preparado un marido. De él dio a luz un hijo varón, y fue grande la alegría de Rut, y también de Noemí.
De esta lección podemos aprender a confiar en el Señor aunque pasemos por diversas desgracias. Vivimos en un mundo lleno de dolor y de injusticia. Pero el Señor nos promete en su Palabra que todo lo que nos ocurra, mientras nos mantengamos firmes en él, va a ser para bien. Puede que nuestros planes se tuerzan y que pasemos por mil calamidades. Pero si el fundamento de nuestra vida ha sido el Señor, al final obtendremos bendición.
El plan de Dios para Rut iba mucho más lejos de lo que ella podía siquiera imaginar. Ese hijo que le nació sería nada menos que el abuelo del rey David, y por tanto, ascendiente de Jesús. De esta manera el nombre de Rut aparece en la genealogía de Jesucristo (ver Mateo1:5), a pesar de ser mujer (normalmente no se las nombra en las genealogías) y de no ser judía.
¿Qué plan tiene Dios para ti? Quizá pienses que eres demasiado insignificante para que Dios tenga un plan con tu vida. Quizá Rut pensó lo mismo. ¿Has probado a dejar tu vida en manos de Dios?