LECTURA: Romanos 6:23
"Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro."
Vivimos en una sociedad donde se están perdiendo los valores más básicos. Un ejemplo es todo lo referente a Dios. La gente vive sin pensar en Dios para nada, a pesar de que un gran número de personas dicen ser cristianos. El mero hecho de mencionarles el pecado les produce risa. Hablar de pecado no está bien visto socialmente hoy.
El pecado, sin embargo, es el mayor problema que tiene la humanidad. Muchos piensan en el pecado como en una serie de normas muy estrictas asociadas a un Dios intolerante que todo lo prohibe, y que para ser feliz es mejor "librarse" de esas normas. Otros piensan en un Dios tirano que siempre está amenazándonos y deseando de mandarnos al infierno a la menor falta. Nada más lejos de la realidad.
El pecado no es otra cosa que vivir ajenos a Dios. Cualquier cosa que no agrada a Dios es en sí pecado. Vivir una vida en la que Dios no participa nada es vivir una vida de pecado. Pero pecar pecamos todos. Es imposible no caer en alguna falta. La Biblia misma nos enseña que todos somos pecadores por naturaleza, y por tanto estamos en principio separados de Dios por ello.
Muerte significa separación. La muerte física es cuando el alma se separa del cuerpo. La muerte espiritual es cuando nuestra alma está separada de Dios. Cuando leemos en el versículo citado que la paga del pecado es muerte no debemos pensar que Dios nos da la muerte como castigo. Es una mera consecuencia del pecado. El vivir en pecado implica vivir separados de Dios (muertos). Por tanto, si en esta vida no tenemos a Dios en cuenta para nada, y vivimos pues separados de él, cuando muramos físicamente también vamos a estar separados de él. En esto consiste la condenación, en estar fuera de la presencia de Dios. La idea de ser bueno en este mundo para que Dios nos recompense con el cielo resulta pues absurda. Dios no recompensa ni castiga. El estar en la eternidad con él o no es una consecuencia de nuestra relación con él en esta vida.
La Vida Eterna consiste en pasar la eternidad cerca de Dios (al contrario que la muerte eterna). Hemos dicho que es el resultado de tener en esta vida una relación con él. Pero también hemos dicho que todos somos pecadores, por lo que en principio no podemos tener esta relación. Dios mismo ha querido que se produzca esta relación. Así, a pesar de ser pecadores (desagradables del todo ante él) nos ama de tal manera que entregó a su Hijo a morir en lugar nuestro. Jesucristo tuvo que pasar por la muerte para librarnos a nosotros de ella. Por eso la Vida Eterna es una dádiva o regalo. No se puede obtener de otro modo (con riquezas, indulgencias, buenas obras...) que no sea aceptarla sin más. La salvación de nuestra alma consiste en eso, confesar a Dios que somos pecadores y pedirle que nos redima de nuestro pecado. De esta manera comenzaremos a tener una relación con Dios que, eso sí, se traducirá en buenas obras (como consecuencia de la salvación, y no al revés).
Cristo es nuestro Señor. No como un Señor tirano, sino como un guía en nuestra vida. Alguien que puede asesorarnos en todos los quehaceres de la vida para que nos vaya bien. Podemos confiarle toda nuestra vida y descansar en él. Y cuando dejemos de vivir en este mundo seguiremos estando con él.